Empecé a escribir A través del desierto en el mismo instante en el que terminé Después de la lluvia. No lo había previsto así, pero en cuanto puse un punto y final necesité empezar a escribir la siguiente historia, porque sentía en parte que se habían quedado muchos detalles sueltos, algunas cosas por cerrar, y porque quería que cada una de aquellas amigas que presenté en mi primera novela tuviera su propio libro.
Suele pasar, o al menos a mí me sucede que, cuando estás escribiendo una historia, hay en realidad dos sucediéndose: aquella que queda plasmada en el papel y la que se ha formado en tu cabeza. No tienen por qué ser distintas, pero por lo menos en mi caso, aquella que vive en mi imaginación está repleta de mil detalles más, escenas que no se ven, conversaciones que no se escuchan, recuerdos que quedan fuera del tiempo que se plasma.
En Después de la lluvia, el personaje de Daniela se traza en cicatrices, heridas que quizás no se han dejado sanar bien, y su historia, como su relación con Emma, queda un poco en suspenso, algo que se deja entrever pero no se termina de comprender. Quizás por eso necesitaba tanto escribir esta historia, para que todo el mundo pudiera comprenderla tras su papel ligeramente antagonista en el libro de Emma, y bueno, porque al igual que muchos de vosotros, quedé prendada de Oscar.
Y solo puedo decir que es quizás la novela que, hasta el momento, menos me ha costado escribir de todas las que he escrito. No porque no sea dura en algunos puntos, sin duda, tiene momentos mucho más serios y dramáticos que su predecesora, sino porque fluyó de mí casi de forma instintiva.
Una historia de transformación en un momento de cambio
Si Después de la lluvia se forjó en plena pandemia, A través del desierto se escribió cuando esta ya empezaba a quedarse atrás. Ahora casi parece que se nos ha olvidado, bueno, no lo parece, hemos olvidado muchas cosas, pero recuerdo que durante el confinamiento el miedo y la incertidumbre era real, y muy palpable. Fue un momento muy duro para muchos y, para mí, fue un punto de inflexión. Creo que me dio en parte la valentía que me faltaba para adoptar cambios que necesitaba en mi vida laboral y personal.
Escribí esta historia en ese momento en el que sentía que todo cambiaba y que yo necesitaba también hacerlo. Mientras organizaba mi boda, me mudaba de ciudad y dejaba un trabajo que por mucho tiempo había pensado que era mi sueño, pero que, por circunstancias, se tornó en una pesadilla. Por eso, quizás, se me entremezclaron muchas emociones: por un lado, la ruptura personal que supuso reconocer que el camino que pensaba que quería recorrer, no había sido lo que yo esperaba, y que necesitaba cambiar de rumbo; por otro, la ilusión, la enorme emoción y la esperanza por todos los planes de futuro que estaban por venir.
Creo que todo esto, de manera inevitable, influyó en esta historia: tracé una transformación, pero también representé esa ilusión y la esperanza por todo lo que estaba por venir.
Querer hablar de algo más
Esta historia, como ya he dicho, tiene algunos puntos un poco más duros que Después de la lluvia. La historia de Emma es algo más intimista, mientras que Daniela se abre al mundo. A través de la ONG, esta novela también tiene un punto de denuncia, porque hay temas que me remueven y sobre los que me es muy difícil quedarme callada, y en esta historia ese matiz se deja entrever.
Quería mostrar un poco esa deshumanización que se produce cuando convertimos al otro en un enemigo abominable: cuando dejamos de ver el ser humano que hay debajo y casi se convierten en demonios, a veces incluso sin importar que sean solo niños. Cuando pensé la historia, el drama de los campos de refugiados en Grecia estaba muy presente —de ahí que tenga presencia en la novela— y aunque ha habido momentos en los que he pensado que lo que mostraba ya no tenía tanta fuerza, por desgracia es un tema que vuelve continuamente con distintos matices, con nuevas guerras y con nuevos dramas humanos. Ojalá llegue el día en el que denunciar esto no tenga ningún sentido; por el momento, no ha llegado.
La historia que me obligó a reescribir mi primera novela
Empecé a escribir esta historia tras poner el punto final a la anterior, y me enamoré por completo de Daniela y Oscar. Como he dicho, quería dedicarle una novela a cada una de las amigas que había presentado en mi primer libro, aún quiero hacerlo, y no perdí el tiempo. Esta historia fluyó casi natural y es en la que menos cambios he hecho en cuanto a trama al releerla en correcciones posteriores. Sin embargo, y aunque se puede leer de forma independiente, sigue siendo una segunda parte en gran medida.
Cuando la acabé, sabía que quería compartirla con el mundo, pero también sabía que, para hacerlo, primero tenía que compartir la de Emma. Fue entonces cuando releí Después de la lluvia —su primer borrador, algo distinto a lo que vosotros conocéis— y me di cuenta de que le faltaba mucho trabajo. Reescribir aquel primer borrador fue una tarea muy dura que, honestamente, no sé si hubiera enfrentado o abordado igual si esta historia no hubiera existido ya. Pero existía, y era la fuerza que necesitaba para que ambas llegaran a vosotros.
En definitiva, la historia de Daniela y Oscar fue para mí, como el momento en el que la escribí, un punto de inflexión: está repleta de esperanza, de ilusión, del ansia que tenía en aquel momento de cierre por viajar, por fijar nuevas formas de establecerse y vivir; tiene detalles de mí y de gente que adoro, y estoy deseando compartirla con vosotros. Ahora solo espero que os enamoréis de ella tanto como yo…



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