¿Por qué Jane Austen?

¿Por qué Jane Austen?

Jane Austen es todo un icono, una autora de referencia, quizás la autora femenina más reconocida de Inglaterra, y, sin ninguna duda, también mi autora clásica preferida. Aun así, es posible que algunos os preguntéis, ¿por qué Jane Austen? ¿Por qué se ha convertido esta autora en todo un referente con todo el impacto cultural que eso ha supuesto?

No dejo de pensar en el que fue mi profesor de literatura inglesa en la universidad, que en apenas unas frases se liquidó a esta autora —y a las hermanas Brönte con ella—, diciendo que era literatura menor y que no entendía el porqué de la fascinación que despertaba. Y no creáis que fue el único… Haber estudiado Literatura Comparada y luego especializarme en Edición me ha dado una cierta perspectiva en cuanto a estos temas que, sin duda, está marcada por mi feminismo —sí, esta publicación va a tener mucho de esto, por si quieres bajarte ya.

¿Por qué Jane Austen? Pues, en resumidas cuentas, porque sus novelas representan las preocupaciones de las mujeres de la época, sus inquietudes y quizás otras más universales que trascienden hasta hoy. Porque en sus historias predomina en las mujeres la búsqueda de dos cosas: la libertad y la felicidad, dos cosas que, incluso a día de hoy, aún luchamos por lograr. Y porque sus protagonistas, masculinos y femeninos, nos enamoran de una manera mágica, con sus virtudes y sus defectos. Pero aquí hay mucho más que desentrañar…

Del sentimentalismo prerromántico a la literatura romántica actual

Es posible que, cuando pienses en Jane Austen, la sitúes de manera inmediata en el periodo del Romanticismo. Sin embargo, si bien Las penas del joven Werther de Goethe, considerada como novela precursora del Romanticismo por muchos, ya estaba haciendo de las suyas, lo cierto es que la novela de Jane Austen se enmarca más en el Realismo.

En su Historia de la Literatura Universal, escriben Martin de Riquer y José María Valverde:

La obra de Jane Austen tiene algo de un cuarteto de cuerda, impersonal y ligero, construido como por ejercicio de virtuosismo; alguna vez, sin embargo, detrás de su aspecto de una diferencia sarcástica, se nota escapar un acento de emoción, como esa melancolía que aparece a veces en Mozart. Es una mujer inteligente que mira desde su rincón, y que sabe escribir, instintivamente, con las palabras que necesita para revelar sin revelarse ella misma.

Y es que, aunque el amor, y, sobre todo, el matrimonio, supone un elemento fundamental de sus novelas, el eje central no era otro que representar la realidad de las mujeres de la época, que necesitaban del matrimonio para prosperar, a veces para subsistir, y aunque ella misma no termina de revelarse, muchas de sus aspiraciones sí. No es un secreto que Jane Austen no se casó, quizás porque ese ideal de casarse por amor que refleja en sus obras no pudo plasmarse igual de bien en la realidad, o porque no quiso renunciar del todo a la libertad que suponía no estar casada, a pesar de la precariedad. Esto, obviamente, son suposiciones.

Sin embargo, de su obra nos quedó una idea, una idea que es la que enamora a las románticas de la actualidad, ese amor que no encierra, sino que libera, ese amor que te quiere con defectos, sin forzarte al ideal. Porque las heroínas de Austen se caracterizan por su inteligencia y perspicacia, más que por su virtuosismo en las aptitudes requeridas para una dama en la época, y luchan por tener una oportunidad, por poder ser ellas mismas desencorsetadas de los requisitos impuestos por la sociedad.

Una idea que viaja hasta la literatura romántica de hoy, donde, obviamente desde otra perspectiva, se aboga por esa conjunción entre el amor y la libertad, la búsqueda de relaciones que te hagan crecer, que te den alas y no te las corten, porque creo que no hay mayor revolución que la de lograr la felicidad, porque hay que luchar por tener todas las opciones y la libertad para elegir la que te haga feliz a ti.

Las mujeres en la literatura actual

Quiero hacer un pequeño inciso reivindicativo aquí, quizá un poco inconexo, pero que surge también de mi amor por la literatura romántica actual que, como la literatura de Jane Austen, ha sido tildada de femenina y apartada a un rincón muy concreto y a veces limitado.

Admito que, cuando empecé a estudiar la carrera, no me sorprendió —aunque sí me molestó—, ver cierto desprecio hacia las autoras femeninas; apenas mencionadas, siempre denostadas y mucho menos presentes en el canon de lo que uno podía llegar a imaginar. Ya he mencionado como un profesor se liquidó a Austen y las Brönte en apenas unas frases, pero fue también un tiempo para ver como se infantilizaba a Mary Shelley, precursora, pese a quien le pese, del género de la ciencia ficción, como si su obra fuera solo fruto de los hombres que la rodeaban, o ver como Mary Wollstonecraft apenas era tratada, al fin y al cabo, ¿que trascendencia podía tener su Vindicación de los derechos de la mujer?

Me pareció algo anquilosado, pero ¿qué se podía esperar de una institución constituida en gran medida por hombres demasiado cercanos a la edad de jubilación y que se basaba fundamentalmente en historia literaria constituida igualmente por una mirada enormemente masculina y antigua? Me resigné un poco a que las mujeres más famosas allí fueran las escritas por hombres como Anna Karenina o Madame Bovary. Aunque debo decir que no fue todo así, había rayitos de sol, pocos pero había.

Pero vayamos al tema a tratar, que este pequeño inciso se hace muy largo. Y es que descubrir mucho de esto extrapolado a la industria editorial actual, quizá me sorprendió más —fruto de la ingenuidad, no hay duda—. Los números son un poco abrumadores: las mujeres leen más, consumen más literatura, además suponen el grueso de trabajadores de la industria y, sin embargo, los hombres son más publicados y, por supuesto, ellos ocupan la mayor parte de los puestos de más responsabilidad. Cada uno que hile como quiera.

Un mismo libro escrito por un hombre puede ser clasificado en thriller o suspense, mientras que escrito por una mujer en romántica… romántica de suspense, pero romántica —de ahí que aún a día de hoy, cuando no está prohibido para una mujer escribir, algunas muy reconocidas opten por seudónimos masculinos para ciertos libros—. Y diréis, ¿qué más da? Pues da, porque la romántica se vende más barata y la remuneración por tanto es menor. Son detalles, detalles que perduran.

Y es que la romántica actual es un género muy amplio, con cientos de subtemáticas y que, en realidad, acogen la mayor parte de los demás géneros y los engloban dentro de una trama romántica, o están escritas por mujeres y ahí que van. Y no quiero reivindicar aquí que desaparezca el género ni mucho menos, me alegro además de que esto cada vez suceda menos, sino que busco que se valore, porque, como en todos los géneros hay una gran cantidad de libros maravillosos y de gran maestría: ¿o es que no tiene María Martínez una delicadeza extrema en la palabra, o no consigue Rachel Lynn Solomon retratar la soledad y la precaria salud mental de nuestra generación? Al final, siempre se ha tendido a valorar más unas cuestiones que otras, sino mirad los premios en películas dramáticas frente a cómicas, no me puedo evitar preguntar… ¿por qué valoramos tan poco lo que nos hace reír…. lo que nos hace felices?

La voz femenina no ha dejado de luchar nunca por su espacio, sigue haciéndolo y espero que no deje de hacerlo nunca, pero aún queda camino. Fue estudiando Edición que escuché hablar por primera vez de cómo la mujer se había acostumbrado a tratar de buscar referentes en personajes masculinos, y que, por eso, era más fácil venderles a ellas un libro con un protagonista y una voz masculina, que al revés, por lo que es más optimo comercialmente optar por protagonistas y voces masculinas. Todo es cuestión de vender, queridos, o quizás no.

Y quiero cerrar mi «corto» alegato haciendo mención a la ganadora del Nobel de Literatura de este año, cuyo reconocimiento ha despertado la alegría por parte de muchos de sus compatriotas, pero también las críticas de otros que no entienden por qué la premian a ella antes que a otros de sus escritores, obviamente masculinos.

Son detalles, detalles que perduran como ya he dicho, y de ahí la importancia de autoras como Jane Austen, que escriben y escribieron sin importar tenerlo todo en contra, a veces con seudónimos de hombre, otras simplemente con «By a Lady». De ahí la importancia de reivindicar sus voces, desde las más clásicas —¿escribiría la Odisea realmente una mujer?—, a las más actuales, para que nunca dejen de escribir y crear. Porque a veces el simple hecho de hacer lo que te hace feliz es un acto de rebelión y toda una revolución.

La trascendencia de Jane Austen

Jane Austen también ha contribuido a traer hasta nuestros días una versión idealizada de su tiempo, con los trajes y bailes de la época. Pero también ha contribuido a atrapar en la literatura a muchas jóvenes y no tan jóvenes, a invitarnos a escribir, creer y crear. Quizás por eso se sigue celebrando en su honor todos los años un festival con su nombre, quizás en ella esté el germen que ha hecho brillar a Los Bridgerton los últimos años.

Y es que muchos conocen a Jane Austen no por sus libros, sino por las adaptaciones que se han hecho de ellos, que no son pocas. Hace poco vi de nuevo la versión de 2005 de Orgullo y prejuicio, y lo cierto es que me enamoró como la primera vez, por sus música, sus actuaciones, su fuerza y su delicadeza expresada en los gestos y los paisajes… No os resultará una sorpresa saber que Orgullo y prejuicio es el libro con más ediciones distintas en mi estantería, un cliché, lo sé, pero es que en parte yo soy un cliché.

Quizás es su obra más conocida, con adaptaciones que van desde las series al cine moderno, incluso pasando por una adaptación que adoré en forma de videoblog que podéis encontrar aún en YouTube —The Lizzie Bennet Diaries—, que incluso incorporaba publicaciones de los personajes en redes sociales como si fueran reales. Pero se han hecho adaptaciones de muchas de sus obras, algunas muy recientes como la de Emma y Persuasión, y también para todos los gustos, si es que te atreves con Orgullo, prejuicio y zombies.

Lo que queda claro es que conocerla es una obligación, saber su nombre, sus historias y su influencia es cultura general, adorarla, para mí y para muchas, una necesidad. Es una de esas autoras que, de una manera quizás no tan directa por las palabras, pero sí por sus actos, luchó por tener su voz y su libertad, y nos hizo creer que ésta podía venir unida a un amor épico. Así que, ante la pregunta, ¿por qué Jane Austen? Yo contesto: ¿y por qué no?

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